TY - BOOK AU - Allan Poe,Edgar TI - Las aventuras de Gordon Pym SN - 9681502728 U1 - 813.3 PY - 1983/// CY - México, D. F., México PB - Méxicanos Unidos, KW - Relatos - Aventuras N1 - Incluye índice; PREFACIO / - Cuando regresé hace algunos meses de los Estados Uni¬dos, después de la extraordinaria serie de aventuras en los mares del Sur y otras partes, cuyo relato doy en las pági¬nas siguientes, la casualidad me hizo conocer a varios caba¬lleros de Richmond (Virginia), quienes, tomando un pro¬fundo interés en todo cuanto se relaciona con los parajes que había visitado, me apremiaban incesantemente a cum¬plir con lo que ya constituía en mí un deber —decían— de dar mi relato al público. Sin embargo, yo tenía varias razo¬nes para rehusarme: unas de naturaleza enteramente perso¬nal; las otras, es cierto, algo diferentes. Una de las considera¬ciones que particularmente me retraía era el hecho de que, no habiendo escrito un diario durante la mayor parte de mi ausencia, temía no poder redactar de memoria una relación lo bastante minuciosa, con suficiente ilación para obtener toda la fisonomía de la verdad —relato que sería, no obstante, la expresión real—, no conllevando más que aquella natural, inevitable exageración, hacia la cual esta¬mos todos inclinados cuando describimos acontecimientos cuya influencia ha ejercido su poder activo sobre las facul¬tades de la imaginación. Otra de las razones era que los incidentes dignos de ser mencionados resultaban de una naturaleza tan maravillosa que no podía esperar que se me diera crédito, ya que mis afirmaciones no tenían más base que ellas mismas (salvo el testimonio de un saloitóvivftivy,tfe y éste mitad indio), aparte mi familia y mis amigos, quie¬nes en el curso de mi vida tuvieron ocasión de alabar mi veracidad; pero, según todas las probabilidades, el gran público tomaría mis asertos como impudentes e ingeniosas mentiras. Debo también manifestar que mi desconfianza en mi talento como escritor era una de las causas principa¬les que me impedían ceder a las sugestiones de mis conse¬jeros. Entre los caballeros de Virginia que se interesaban viva-mente en mi relato, particularmente en la parte relativa al Océano Antàrtico, se encontraba M. Poe, escritor, editor en un tiempo del Southern Literary Messenger; revista mensual publicada en Richmond por M. Thomas W. White. Me comprometió fuertemente, él entre otros, a redactar desde luego un relato completo de todo lo que había visto y soportado, y que confiara a la sagacidad y al sentido común público, afirmando, no sin razón, que por informe que fuera mi obra desde el punto de vista literario, su misma singularidad, si es que la hubiera, sería para ella la mejor oportunidad de ser aceptada como cosa verdadera. A pesar de esta observación, no pude resolverme a obe¬decer sus consejos. Me propuso en seguida, viendo mis negativas, que le permitiera redactar a su modo un relato de la primera parte de mis aventuras, según los hechos mencionados por mí, y publicarla bajo el manto de la ficción en el Mensajero del Sur. Nada pude objetarle; con¬sentí en ello, y estipulé únicamente que mi verdadero nombre sería conservado. Dos partes de la pretendida fic¬ción aparecieron consecuentemente en el Messenger (en ios números de enero y febrero de 183 7), y con el propó¬sito de que quedara bien establecido que se trataba de una mera ficción, el nombre de M. Poe figuró enfrente de los artículos en el índice de materias del Magazine. La manera en que esta superchería fue recibida, me indujo a emprender una compilación regular y la publica¬ción de dichas aventuras; pues vi que a pesar de la aparien¬cia de fábula de que tan ingeniosamente se había reves¬tido, era parte de mi relato aparecido en el Messenger (en donde -además— ni uno solo de los acontecimientos había sido alterado o desfigurado), el público no estaba dispues¬to de ninguna manera a aceptarlo como una mera fábula, y varias cartas fueron dirigidas a M. Poe, que atestiguaban ^...iWuiira u'er rocío contrarias. Concluí que los sucesos de mi relación eran de tal naturaleza que llevaban en ellos mismos la prueba suficiente de su autenticidad, y que, por consiguiente, no tenía que temer gran cosa del lado de la incredulidad popular. Depués de esta exposición, se verá desde el principio lo que me pertenece, lo que es del todo de mi manó en el relato que sigue, y también se ha de comprender que nada ha sido disfrazado en algunas de las páginas escritas por M. Poe. Aún para los lectores que no han podido leer los números del Messenger, sería supertluo señalar en dónde termina su parte o en dónde empieza la mía, la diferencia de estilo hablará por sí sola. ER -